“ Si nos fuese dada la posibilidad de elegir: estar en el Hospital de Siena, con enfermedades y curas (y aguante físico) del siglo XIV, asistidos cada tarde por santa Catalina, criatura única, alto imán espiritual, o bien, en una moderna clínica con aire acondicionado, con enfermedades y tratamientos químicos y mecánicos de finales del siglo XX, limpiamente asistidos por dos o tres enfermeras lo suficientemente bien pagadas para no ser santas, pero carentes de fluido y oración, no alcanzo a adivinar quién puede elegir a Catalina. Ni siquiera el papa, por supuesto, preferiría el hospital de peregrinos a su equipada cliniquilla vaticana. ”
“ Mis manos… mi espíritu… mi cielo… mi bosque… esta tierra mía… ¿Qué debo añadir? Estas son las palabras. Esta es la respuesta.
Estoy aquí de pie, en la cumbre de la montaña. Levanto mi cabeza y extiendo mis brazos. He aquí mi cuerpo y mi espíritu, he aquí el fin de la búsqueda. Deseaba conocer el sentido de las cosas. Yo soy el sentido. Deseaba encontrar un permiso para existir. No necesito permiso alguno para existir; ni que me den el visto bueno para vivir. Yo soy el permiso y el visto bueno.
Son mis ojos los que ven, y la mirada de mis ojos confiere belleza a la tierra. Son mis oídos los que oyen, y la audición de mis oídos da su canción al mundo. Es mi mente la que piensa, y el juicio de mi mente es la única linterna que puede hallar la verdad. Es mi voluntad la que elige, y la elección de mi voluntad es el único edicto que debo respetar.
He conocido muchas palabras, algunas resultaron sabias y otras resultaron falsas, pero sólo tres son sagradas: Lo quiero así.
Cualquiera que sea el camino que yo tome, la estrella que me guía está en mi interior; la estrella que me guía y la brújula que señala el camino. Señalan en una única dirección. Señalan hacía mí.
No sé si esta tierra en la que estoy es el corazón del universo o si no es más que una mota de polvo perdida en la eternidad. Ni lo sé ni me importa. Pues sé qué felicidad puedo alcanzar en esta tierra. Y mi felicidad no requiere un propósito más elevado para ser vindicada. Mi felicidad no es el medio para fin alguno. Ella es el fin. Es su propio objetivo. Es su propia razón de ser.
Tampoco soy yo el medio para que otros lleguen a los fines que anhelan conseguir. No soy una herramienta para que me usen. No son un sirviente de sus necesidades. No soy un vendaje para sus heridas. No soy un cordero a sacrificar en sus altares. ”
Allí donde se encontraba Dios antes de crear el Cielo y la Tierra, allí está todavía y estará siempre hasta que el Problema de la Creación y de la Redención esté ACABADO. Pues en la hora presente La Creación de los Seis días aún no está enteramente cerrada. Y si el Mundo sufre más allá del horror se debe a que ahora acaba de alcanzar los dolores del último parto. Si los hombres se lamentan de que Dios los haya arrojado sobre la Tierra antes de que la Vida esté completamente allanada es que no ven que Dios ha querido hacerles participar en su Creación. Entre la capacidad Infinita de Dios y su capacidad de separarse hasta en lo Real y lo Actual con los Ángeles que allí ha enviado hay una puerta que el Ángel franquea con la rapidez de Dios puesto que es su ala o su mano pero que el Ser no franquea y es al ganar su Ser cuando todo lo que es Ángel vio a una parte de sí mismo volverse contra él y porque la Nada de la abdicación, de la compasión y de la ausencia lo atrajo hacia esa puerta.
Mas esa puerta no valió nunca más que en el tiempo, y por un tiempo.
FILOTEO.- Las partes relativas de la duración, las cuales tienen relación en la duración y el tiempo, pero no tienen infinita duración ni tiempo infinito; porque en éste en tiempo máximo, esto es, la parte más grande en relación a la duración, viene a ser equivalente a la más pequeña, supuesto que los infinitos siglos no son más que las infinitas horas. Digo que en la duración infinita, que es la eternidad, no son más las horas que los siglos, de manera que toda cosa que se llama parte del infinito, en cuanto es parte del infinito, es infinita tanto en la infinita duración como en el tamaño infinito. A partir de esta doctrina podéis deducir cuán prudente es Aristóteles en sus supuestos, cuando considera las partes finitas de lo infinito, y cuán grande la fuerza de los argumentos de ciertos teólogos, cuando de la eternidad del tiempo pretenden inferir el absurdos de tantos infinitos (uno mayor que el otro) cuantas pueden ser las especies de números. Con esta doctrina, digo, tenéis el modo de liberaros de innumerables laberintos.
En resumen: querer mejorar a la humanidad resulta siempre inútil. Por este motivo yo siempre he explicado mi credo a individuos aislados, pues el individuo es susceptible de educación y perfeccionamiento, y según mi credo, es y siempre ha sido la pequeña élite de hombres de buena voluntad, sacrificados y valientes la que ha preservado en el mundo el bien y la belleza.
51 (1956)
Tampoco siento nunca la necesidad de tener razón; me gusta la diversidad, tanto de opiniones como de formas de fe. Esto me impide ser un cristiano verdadero, pues ni creo que Dios haya tenido un solo Hijo, ni que la fe en El sea el único camino hacia Dios o la bienaventuranza. La piedad me es siempre simpática, mientras que las autoritarias teologías, con su pretensión de ser las únicas válidas, me inspiran antipatía.
49 (ca. 1955)

